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Cuando abandonamos el Campo

La importancia de las costumbres campestres y el oficio agrícola y ganadero en tiempos difíciles.

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Julio Caro Baroja advertía hace tiempo que se estaba produciendo un problema grave al consumarse un vacío real e impresionante en el campo con el cambio social que traían los nuevos tiempos. Ya pronosticaba que en 20 ó 25 años no habría cultura tradicional. El éxodo rural ha llevado consigo la despreocupación por las costumbres campestres y el oficio agrícola y ganadero. En estos tiempos difíciles de la crisis del Covid-19, el campo ha cobrado un valor esencial al tener que seguir produciendo para una población confinada en su casa. Muchos, hasta ahora, pensaban que las lechugas y tomates se criaban en los supermercados. Pues no, hay que producirlas en la tierra y normalmente esto sucede en las zonas rurales a las que hemos abandonado y maltratado, durante décadas, con precios muy por debajo de su coste real. Las subvenciones han sostenido algo el éxodo rural. Sin ellas y con los actuales precios que se pagan por los productos nadie podría sobrevivir en la agricultura y ganadería.

Hay mucho trabajo por hacer para que no se derrumben los muros de un mundo, el agrícola, despreciado, olvidado y apenas estudiado. Se nos dice que se quiere hacer una transición ecológica seria pero sin pensar demasiado en las necesidades que tiene el mundo rural. Se quiere dar valor a la naturaleza y a la gastronomía de proximidad olvidando que para eso hacen falta: buenas comunicaciones, servicios básicos en los pueblos y unos precios justo para la producción.

Hablamos de la España Vacía que existe porque aún hay gente que custodia su tierra, aunque no sabemos si será por mucho tiempo. La Política Agrícola Común (PAC) ha ayudado a mantener la dignidad del agricultor, pero no ha logrado fijar población.  Los precios están por los suelos para un trabajo que requiere de muchos esfuerzos. La visión dura de la vida del hombre y de la mujer de campo siempre ha estado ahí.

Hoy más que nunca podemos decir que nos gusta el mundo rural. Pero reclamamos las mismas condiciones de vida que tenemos los habitantes urbanos. Las mismas oportunidades y unos servicios dignos. Olvidar el mundo rural es una gran pérdida. Es una cultura milenaria y un modo de vida que siempre ha estado ahí aunque se quiera ignorar por la cultura urbanita actual.

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